“Trabajar con la diversidad nos brinda una buena oportunidad de examinar nuestros prejuicios y actitudes, y nos ayuda a buscar vías para su modificación”
Cuántas veces, los docentes identificamos y rotulamos a los estudiantes, solo por sus actitudes, como “El que se porta mal, el que no hace los trabajos, pelea, contesta, entre otros” como algo cotidiano, cuando en realidad no tendría que ser así, sin detenernos en cómo esto repercute en el desarrollo de la identidad del niño. Frente a esto, son los docentes e instituciones quienes deben cambiar su mirada, ya que Patricia Redondo (2006, p.1) afirma que: “Nombrar a los niños es nombrar al presente con el lenguaje de la posibilidad de otros futuros”. Puesto que, los mismos pequeños van formando un concepto de ellos mismos y una autovaloración a través de las expectativas que les transmiten o suponen que sus maestros tienen de ellos como grupo y en lo personal de cada uno.
El reto que convoca a los docentes es que “Son quienes deben lograr la valoración del niño como persona, el respeto por su identidad y la confianza en sus posibilidades de aprendizaje” (Encabo,1995, p.97), es decir se debe brindar acciones pedagógicas que ayuden a estos niños “etiquetados”, por lo tanto, prejuzgados, a sentirse cada vez más protegidos y a la vez autónomos, proponiendo herramientas que los fortalezcan, les permitan defenderse de problemas imprevistos y les brinden seguridad. Respetando sus capacidades, diferencias y aprendizajes, como plantea Rosa Windler (2000).
Muchas veces detrás de estas conductas (golpear,discutir,responder,etc.) en los alumnos tienen un trasfondo,en otras palabras, un porqué de las mismas. Ya que los niños al ingresar a la escuela, son sujetos que poseen conocimientos, creencias y suposiciones sobre lo que se espera de ellos, sobre las personas y sobre el mundo que los rodea, estos saberes se originan en su grupo de procedencia social-cultural. Este porqué son factores que intervienen como el nivel socio-cultural de ellos, contenidos pedagógicos, objetivos y propósitos de la institución, el lugar y contexto en el que viven, códigos que se manejan en la escuela, la relación familia- escuela, entre otras. Dicho de otro modo, para conjugar los factores que cada alumno tiene es necesario que los valores, actitudes, pautas morales se construyan como un trabajo en conjunto entre todos los que están involucrados en la educación de los niños, plantea el Documento de apoyo (2019) que uno de ellos van a ser los docentes ya que se convierten en mediador entre la cultura y el conocimiento de los estudiantes.
Muchos de los prejuicios o etiquetas que ponemos a los estudiantes, tienen que ver con “nuestra forma de ver el mundo”, lo que consideramos, de forma subjetiva, como “alumno correcto o buen alumno” está influenciada la mayoría de las veces por factores culturales, históricos, y sociales. Ya que como afirma Rosa Windler (2000) se produce una segregación, ya que, en lugar de incluir y trabajar las diferencias, se las excluye. Al rotular, de alguna manera estamos obstaculizando la conducta y el aprendizaje de los chicos, ya que limitan la movilidad de los roles, los cuales son muy importantes, para la construcción de su persona en esta etapa.
Por eso los docentes en el aula deben lograr, como explica Rosa Windler (2000) una diversidad que permita ayudar a los niños a comunicarse, a valorar sus diferencias, a aceptar sus modos de vivir y a defenderse de otros miembros de la sociedad que pretendan segregarlos.
Para evitar estos “títulos”, como docentes debemos trabajar con la diversidad, convirtiéndonos en indagadores de nuevos temas, los cuales permitan al niño investigar, y reflexionar, siendo creativas e innovadoras. También debemos evaluar nuestras acciones y conocer en más profundidad, a cada uno de nuestros alumnos, por ejemplo, llamar a los niños por su nombre de origen, por lo tanto, valorarlos a cada uno como persona, brindarles afecto y confianza ya que esto es fundamental para la construcción de su identidad, la cual debe respetarse.
Toda esta diversidad y la idea de no colocar “rótulos”, conlleva a una integración. Esta integración de parte de los docentes y la institución implica el reconocimiento y la aceptación de las diferencias, Plantea el Documento de apoyo (2019) que es promover el desarrollo personal y social, ampliando el universo cultural de los niños a través de procesos de alfabetización cultural garantizando niveles de logro equivalentes y sosteniendo los valores de la solidaridad, respeto por el otro, en un marco de igualdad de derechos.
Pero esta diversidad e integración no solo se debe llevar a cabo en la institución educativa, entre docentes y alumnos, sino también de la escuela a las familias y de las familias a la sociedad. Ya que, como plantea Isabelino Siede (2020) “Las familias hacen lo que pueden y saben”, debido a que existen una variedad de experiencias, dificultades y expectativas en cada una de ellas. Pero a pesar de esto, se debe tratar de establecer vínculos de respeto y confianza entre familias y docentes, debido a que cada parte aporta algo importante acerca del niño. Teniendo en cuenta que esta diversidad, supone asumir un criterio pluralista, que respete las pautas, los valores y las formas de vida de cada familia, tal como se plantea en el diseño curricular de Buenos Aires. Convirtiéndose así la escuela infantil como una institución democratizadora, inclusiva y plural que atiende la diversidad.
Como conclusión, podemos decir, que los diferentes actores que participan en la educación, tanto familias, docentes y alumnos en la actualidad son prejuzgados y desvalorizados. Los docentes, cumplen una función muy importante en la vida y el desarrollo de los niños más pequeños, los cuales tienen capacidades, tiempos de aprendizajes y saberes previos diferentes, por lo tanto, no cualquier persona puede llevarla a cabo, se necesita de una ardua y gran preparación. Una preparación de mucho compromiso y respeto, en donde se obtengan herramientas que faciliten las condiciones para aprender, enriquezcan la alfabetización cultural, puedan comprender las nuevas subjetividades e identidades de cada uno de los alumnos y así poder acompañarlos en su desarrollo. En donde se produzca una relación amorosa, y de confianza, no solo con los niños, sino también con sus familias, sabiendo que cada una tiene una perspectiva, experiencias y saberes diferentes, entendiendo que hay un otro, diferente a mí, que me espera y me necesita, al igual que nosotras a ellos.
⮚ Bibliografía:
● ENCABO, Ana M. y otros. (1995) Planificar Planificando. Colihue, Bs. As. Capítulo 3: Rol docente. Pág
97 a 100.
● FREIRE, Pablo. (2002) Cartas a quien pretende enseñar. Ed. Siglo XXI. Tercera edición. Argentina
● REDONDO, Patricia. (26.07.2009) “Es solo un mito que la maestra jardinera es una segunda madre”,
entrevista, diario Clarín.
● RODRIGUEZ DE PASTORINO, ELVIRA. (1996) El Nivel Inicial hoy: un lugar para apropiarse del
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● MALAJOVICH, Ana. (2006) Experiencias y reflexiones sobre la educación inicial. “El nivel inicial.
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● MAYOL LASSALLE, Mercedes y otros (2009). “Grandes temas para los más pequeños. Acerca de la
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y cap.4 Debates y claves para la educación de los niños pequeños, Rosa Violante. Buenos Aires. Puerto
Creativo. Buenos Aires.
● WINDLER, ROSA. “De esto sí se debe hablar”. Recorridos didácticos en la educación inicial.
● PIPKIN, M. y REYNOSO, M. (2010). Prácticas de Lectura y Escritura Académicas. Córdoba: Editorial
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● CASSANY, Daniel. “Escribir al “margen de la ley”: prácticas letradas vernáculas de adolescentes
catalanes”
● CARLINO, Paula (2005) Escribir, leer, y aprender en la universidad. Una introducción a la alfabetización
académica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina.
● FERREIRO Emilia. (2011) “Leer y Escribir en un mundo cambiante”. Conferencia expuesta en las
Sesiones Plenarias del 26 Congreso de la Unión Internacional de Editores
● MARÍN, Marta (2004) Lingüística y enseñanza de la lengua. Buenos Aires: Aique Grupo Editor.
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